Fragmentos y comentarios de algunas lecturas

sábado, 28 de marzo de 2015

Tony Pagoda y sus amigos - Paolo Sorrentino



     La faceta de escritor de Paolo Sorrentino (Nápoles, 1970) me era desconocida hasta hace unas semanas, pero recordaba su nombre como director y guionista de La gran belleza, una película que me impresionó y el mayor reclamo para acceder a su libro Tony Pagoda y sus amigos (Ed. Alfabia) con el que he disfrutado mucho estos días.

      Tony Pagoda y sus amigos es una colección de relatos breves narrados por un cantante retirado, atento observador y dandi de traje blanco que rememora en sus formas al inolvidable protagonista de La gran belleza Jep Gambardella. La identificación entre ambos personajes en absoluto es gratuita, aunque estas breves historias tienen poco que ver con el guión de la película, más allá de ciertas preocupaciones y situaciones comunes que pueden remitirnos a alguna secuencia de La gran belleza.

       Llama la atención en la lectura la perseverancia de Sorrentino en sostener un alto nivel en cada relato. Todas las historias narradas por Pagoda en este libro tienen entidad, aportan calidad al conjunto y contienen reflexiones valiosas sobre el arte, el paso del tiempo, la juventud, el desencanto, la nostalgia, los amigos... y mentiría si dijera que no las esperaba, precisamente porque esperaba espacios de reflexión en voz alta del protagonista compré el libro, pero a la vez me ha sorprendido la facilidad en la lectura y la integración de la ideas en las situaciones y escenarios que proponen los relatos. También sorprende la alegría que proporciona la lectura de la mano de la levedad y la gracia de Tony Pagoda, dueño de una sabiduría que intenta ser intelectualmente honesta de un modo informal y desenfadado. Tiene mucha razón Eduardo Chapero-Jackson cuando escribe para el excelente prólogo de la obra: «los matices que lo latino imprime en la canción del dandismo son muchos e importantes. Lo llenan de un espíritu más terrenal, más popular, más fraternal, más auto-irónico, más humanista y afectivo».

     Si comentaba que la obra concede abundante espacio a la risa y la alegría, palabras éstas fundamentales en la vida que suelen quedar algo apartadas de los espacios de reflexión, también me parecen sobresalientes aquellos relatos más relacionados con la resistencia a la novedad desde la responsabilidad del día a día y el encontrar lo valioso en lo más cotidiano. Así, los relatos titulados El mago Silvan, Las bailarinas de Striptease y Mauricio Ricci me parecen especialmente inolvidables.

     Tony Pagoda y sus amigos es un libro valioso y una creación de mérito. Paolo Sorrentino publicó años atrás otro libro titulado Todos tienen razón (Ed. Anagrama) también protagonizado por Tony Pagoda. Espero tener la oportunidad de leerlo en breve.


sábado, 31 de enero de 2015

El viento comenzó a mecer la hierba - Emily Dickinson


     El viento comenzó a mecer la hierba es un pequeño libro de veintisiete poemas seleccionados entre la extensa obra de Emily Dickinson. Editado con gran cuidado por Nórdica Libros, se presenta en edición bilingüe y cuenta con la traducción de Enrique Goicolea y las ilustraciones de Kike de la Rubia. Como toda buena poesía, y la de Dickinson es magnífica, merece repetidas lecturas.





Yo no soy nadie. ¿Quién eres tú?
¿También tú no eres nadie?
¡Entonces ya somos dos!
¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes.

¡Qué aburrido ser alguien!
¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,
como una rana, todo el mes de junio,
a una charca que te contempla.


I´m Nobody! Who are you?
Are you - Nobody - Too?
Then there´s a pair of us!
Don´t tell! they´d advertise - you know!

How dreary - to be - Somebody!
How public - like a Frog -
To tell one´s name - the livelong June -
To an admiring Bog!




Yo morí por la Belleza,
pero apenas estaba colocada en la tumba,
cuando uno, que murió por la Verdad,
fue tendido en un cercano lugar.

Me preguntó en voz baja «por qué había muerto».
«Por la Belleza» -respondí-.
«Y yo por la Verdad. Ambas son la misma cosa.
Somos hermanos» -dijo él-.

Y así hablamos desde nuestros aposentos,
como parientes que se encuentran en la noche,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.



I died for Beauty - but was scarce
Adjusted in the Tomb,
When One who died for Truth was lain
In an adjoining Room -

He questioned softly 'Why I failed'?
'For beauty', I replied -
'And I - for Truth - Themself are One -
We brethren, are', He said -

And so, as Kinsmen, met a Night -
We talked betwen the Rooms -
Until the Moss had reached our lips -
And covered up - our names -