Fragmentos y comentarios de algunas lecturas

domingo, 23 de diciembre de 2018

No amanece el cantor - José Ángel Valente

José Ángel Valente.   Fot.: Uly Martín

     A continuación podéis leer algunas de las prosas poéticas de No amanece el cantor de José Ángel Valente (1929-2000) tomadas desde su Poesía completa (Galaxia Gutenberg) editada e introducida por el también poeta Andrés Sánchez Robayna. Publicado por primera vez en 1992 y galardonado con el Premio Nacional de Poesía, No amanece el cantor -que incluye el ciclo poético Paisaje con pájaros amarillos- es uno de los poemarios más excepcionales entre los que escribió el poeta gallego; he añadido además una última prosa poética que pertenece a otro poemario de Valente titulado Cántigas de alén, que el poeta escribió en gallego y aparece además con la traducción al castellano de César Antonio Molina y el propio José Ángel Valente.

     También quiero comentar que esta entrada es la última publicación del blog en algún tiempo -no sé si se trata de una parada definitiva- y quiero dar las gracias a todos aquellos que en algún momento habéis pasado por aquí: Gracias.



*


EL CUERPO del amor se vuelve transparente, usado como fuera por las manos. Tiene capas de tiempo y húmedos, demorados depósitos de luz. Su espejo es la memoria donde ardía. Venir a ti, cuerpo, mi cuerpo, donde mi cuerpo está dormido en todas tus salivas. En esta noche, cuerpo, iluminada hacia el centro de ti, no busques el alba, no amanece el cantor.


*


NO DEJÉIS morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre.

*


VEO, veo. Y tú ¿qué ves? No veo. ¿De qué color? No veo. El problema no es lo que se ve, sino el ver mismo. La mirada, no el ojo. Antepupila. El no color, no el color. No ver. La transparencia.

*


EL ORO fatigado envuelto en sangre de las tierras del sur. Los perros vagabundos llegaban hasta el límite frío de los vientos para morir. Nadie habitaba ya el lugar incierto. Óxidos. Nadie. Los luminosos cuarzos amarillos incendiaba en su rápido descenso el sol. Después, la sombra como una antorcha helada en todos los caminos que llevan al vacío. La soledad hambrienta devora las figuras. Sube el silencio contra el cielo, enorme, como un grande alarido.

*


SOY débil. No sé dónde apoyarme. Vacío está de todo ser el aire. No estás. No estoy. Qué giratorio cuerpo el de la nada.
(De Paisaje con pájaros amarillos)
 
*


LENTAS siguen las lunas a las lunas, como cede la luz a la luz, los días a los días, el párpado tenaz al mismo sueño. Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido.

(De Paisaje con pájaros amarillos)

*


Máscaras

 A Manolo Álvarez

     ¿Qué queda de las personas cuando la persona se disuelve, desaparece, vuela detrás del aire, de las cosas del día, del límite indeciso de la noche, de las demandas imperiosas de su prójimo, del ahora ya casi inexistente amor que un día abrasó el cielo, del horizonte infinito del desierto, de los ríos que son caminos que anduviesen para nunca llevarnos a lugar conocido, del ala de los pájaros, del tumefacto cuerpo devorado de un dios y de sus sacrificadores, del lugar de la llave y el tesoro escondidos, de ti y de mí, qué queda de la sombra?
     Quedaría tal vez un puñado inocente de muy breve ceniza y, debajo, el rescoldo, el residuo del fuego, que late aún, del ser que ha sido, del que aún será, del que no será nunca, del que jamás advino.
     Disolverse, dijiste, o nacer para siempre más allá de las máscaras.
(De Cántigas de alén)

lunes, 1 de octubre de 2018

Zona - Geoff Dyer

 El Profesor, Stalker y el Escritor

      Stalker es una película que ejerce una extraña fascinación sobre muchos espectadores, entre ellos el escritor británico Geoff Dyer, que la revisita con regularidad pese a que «no fue un ejemplo de amor a primera vista: la primera vez que vi Stalker me dejó algo aburrido e indiferente, [...] pero fue una experiencia que no pude quitarme de la cabeza. Algo que se me quedó dentro». Dirigida por Andréi Tarkovski y estrenada en 1979, Stalker ha acompañado a Dyer a lo largo de los años y la mejor forma de explicarse el por qué fue coger lápiz y papel, hacerse preguntas, darle vueltas, acceder a bibliografía relacionada, tomar notas, establecer conexiones,... y si uno es escritor como lo es Dyer, es posible que adivine entre  todo ese trabajo la posibilidad de escribir un ensayo y publicarlo... y ese libro fue finalmente Zona (ed. Random House), una obra que toma su título del escenario emblema de Stalker.

     Zona es un ensayo ligero, de tempo rápido, que avanza siguiendo las escenas de Stalker desde el principio del metraje hasta su final, pero en un formato espléndidamente libre, de tono cercano, buen sentido del humor y mucho espacio para la reflexión. En su lectura aprenderemos sobre el accidentado rodaje de la película, también de distintas impresiones sobre ella y su director, o de las reescrituras sin fin del guión a las que se vieron obligados Arkadi y Borís Strugatsky, pero Dyer presta especial atención a dos de las cuestiones en las que Stalker parece interpelarnos de forma más intensa: la percepción y el deseo.

     El paisaje de la Zona, lugar donde se desarrolla gran parte de la película, es uno de los más fascinantes de la historia del cine y cabe preguntarse por qué. Sus escenas se rodaron en los alrededores de dos plantas hidroeléctricas abandonadas a unos pocos kilómetros de Tallin, la capital de Estonia, un paisaje en el que el espectador tiene una acusada conciencia del tiempo y en el que la naturaleza parece reclamar lo que era enteramente suyo: cubre la maquinaria de vegetación, herrumbra vehículos, enmohece artículos obsoletos, erosiona los edificios,... La pregunta que se hace Dyer acerca del paisaje de la Zona es muy pertinente: «¿consideraría tan bello este paisaje de campos, coches abandonados, postes de telégrafo inclinados y árboles, sin Tarkovski?» Se abre así la reflexión sobre la percepción, sobre el desencantamiento del mundo que encuentra en la Zona su polo opuesto, un lugar aparentemente normal pero que precisa alerta y un inmenso respeto: «estamos en otro mundo que no es más que este mundo percibido con una atención sin precedentes». Dyer nos cuenta cómo Tarkovski trata de conseguir la atención plena del espectador, el efecto deseado de sus larguísimos planos, la razón de la posición de las cámaras y su casi imperceptible movimento, la importancia del viento y el agua en la película, pero también se dispara en distintas reflexiones conducido por citas, pensamientos y experiencias sobre una cuestión, como es la de la atención, muy central en la filosofía.

     Otro de los grandes temas de Zona como también lo es de Stalker, son los deseos. En el corazón de la Zona hay una habitación en la que el deseo más íntimo se hace realidad. Es allí hacia donde Stalker ha guiado al Profesor y el Escritor a lo largo de la película. Hay un matiz importante, la Habitación «lo revela todo: no consigues lo que crees desear, sino lo que en el fondo deseas». Y no es fácil. Quizás soterrado en lo hondo del inconsciente nuestro deseo más íntimo puede ser muy miserable, o tal vez increíblemente banal, pero en cualquier caso supone tal desnudo de nuestra esencia que entrar en la Habitación equivale a ver en un espejo lo que realmente somos. De nuevo Geoff Dyer da aquí a sus reflexiones un tono ingenioso y distendido en el que brilla aún más especialmente el humor, lo cual no debe hacernos olvidar todo su mérito y profundidad. Nos recuerda además a los lectores la importancia de una secuencia en la que la mujer de Stalker habla directamente a cámara y que Tarkovski consideraba el corazón de la película y su lección definitiva.

     La atención y los deseos son temas centrales en Zona pero no son los únicos. Dyer también nos habla de la percepción del tiempo, la fe, el amor, la esperanza... y me ha gustado además una breve reivindicación del trabajo y la reflexión sobre el arte del que este ensayo es un maravilloso ejemplo. Y es que me ha encantado Geoff Dyer, tanto en la forma como en la intención, un escritor al que no conocía pero con el que me reencontraré en próximas lecturas.

Fotograma de Stalker (1979)






domingo, 1 de julio de 2018

Traveler Photo Contest 2018

     Otro verano más le dedico una entrada al concurso de fotografía Traveler Photo Contest de National Geographic. Este capricho anual no viene muy a cuento en un (descuidado) blog de libros, pero me gusta seguir el certamen y elegir unas pocas imágenes. Como siempre he seleccionado siete de las fotografías participantes, entre ellas la ganadora del concurso realizada por Reiko Takahashi, aunque podéis acceder al resto desde el enlace siguiente. Espero que os gusten.




Puente Ram Jhula, Rishikesh, India.   Fot.: Trikansh Shrama

Dhaka, Bangladesh.   Fot.: MD Tanveer Hassan Rohan

Dubái, Emiratos Árabes Unidos.   Fot.: Gaanesh Prasad

Montes Altai, Mongolia.   Fot.: Alessandra Meniconzi

Nha Trang, Vietnam.   Fot.: Kajan Madrasmail

Yubarta cerca de la isla de Kumejima, Japón.   Fot.: Reiko Takahasi

Parque Nacional Masai Mara, Kenia.   Fot.: Khai Chuin Sim

viernes, 20 de abril de 2018

Fragmentos de un libro futuro - José Ángel Valente


     Poesía completa de José Ángel Valente (1929-2000) es un libro grueso, de casi mil páginas, editado y magníficamente introducido por el también poeta Andrés Sánchez Robayna, en el que además de la poesía completa de Valente encontraremos su prosa narrativa y traducciones poéticas, no así sus ensayos, recogidos en un segundo volumen también publicado por la editorial Galaxia Gutenberg.

     Ha pasado algún tiempo desde que leí el libro, pero unos días atrás quise releer el último poemario escrito por Valente y mi favorito entre los del poeta gallego, Fragmentos de un libro futuro, y su lectura me ha vuelto a impresionar. Más aún que la primera vez. Su poesía parece surgir de una vibración en el vacío, de la conciencia de la muerte y de la memoria como luz y dolor. Y hay nostalgia en este poemario, pero su voz es tan serena, tan desnuda y clara... un inmenso Valente.

     Fragmentos de un libro futuro se publicó pocos meses después de la muerte del poeta, que escribió este poemario entre los años 1991 y 2000. Entre los poemas de Fragmentos de un libro futuro he transcrito unos pocos, los siguientes:



LA MEMORIA nos abre luminosos
corredores de sombra.

Bajamos lentos por su lenta luz
hasta la entrada de la noche.

El rayo de tiniebla.

Descendí hasta su centro,
puse mi planta en un lugar en donde
penetrar no se puede
si se quiere el retorno.

Se oye tan sólo una infinita escucha.

Bajé desde mí mismo
hasta tu centro, dios, hasta tu rostro
que nadie puede ver y sólo
en esta cegadora, en esta oscura
explosión de la luz se manifiesta.

Tamquam centrum circuli [6.I.1996]

*


ESTÁBAMOS en un desierto confrontados con nuestra propia imagen que no reconociéramos. Perdimos la memoria. En la noche se tiende un ala sin pasado. Desconocemos la melancolía y la fidelidad y la muerte. Nada parece llegar hasta nosotros, máscaras necias con las cuencas vacías. Nada seríamos capaces de engendrar. Un leve viento cálido viene todavía desde el lejano sur. ¿Era eso el recuerdo?

                             Lotófagos [21.I.1994]

*


Y TODAS las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada.

Espacio [2.VII.1997] 
 
*


ESTÁS
en tu luz no visible, no engendrado,
único, el único.
                          Se posa tu mirada
en la ausencia de ti o en la no descifrable
irrupción de tu forma en tu vacío.

Y allí dejas la huella de tu paso.

Salí tras ti.
                   Devuélveme a tus ojos
que llevo en mis entrañas dibujados.

La nada [9.VII.1997]



Y TODOS los poemas que he escrito
vuelven a mí nocturnos.
                                        Me revelan
sus más turbios secretos.
                                         Me conducen
por lentos corredores
de lenta sombra hacia qué reino oscuro
por nadie conocido
y cuando ya no puedo
volver, me dan la clave del enigma
en la pregunta misma sin respuesta
que hace nacer la luz de mis pupilas ciegas.

Centro [15.V.1999]

*


CIMA del canto.
El ruiseñor y tú
ya sois lo mismo. 

Anónimo: versión [25.V.2000]

José Ángel Valente en su casa de Almería, 1995.   Fot.: Luis Matilla

martes, 27 de marzo de 2018

Más poemas de Wislawa Szymborska


     El gran número, Fin y principio y otros poemas (ed. Hiperión) recoge dos de los mejores poemarios de Wislawa Szymborska (El gran número y Fin y principio), más otros quince poemas anteriores y aún otros cinco que en el momento de la edición del libro (1997) no estaban recopilados en un poemario por su autora. También incluye, a modo de preámbulo, un magnífico texto de la escritora y crítica literaria Malgorzata Baranowska titulado Wislawa Szymborska, poeta de la conciencia del ser, y el discurso de Szymborska en la recepción del Premio Nobel.

     Como bien señalaron en el prólogo los responsables de la edición, María Filipowicz-Rudek y Juán Carlos Vidal, en el libro trabajó "un verdadero comité de traducción". Entre ellos encontramos a Gerardo Beltrán y Abel Murcia (espléndidos traductores de otros libros de Szymborska que han aparecido en el blog), y también a Carlos Marrodán, David Carrión, Elzbieta Bortkiewicz, Xaverio Ballester y Kataryzna Moloniewicz.

      Algunos de los poemas del libro los conocía, otros muchos no, pero siempre es un placer leer a esta maravillosa poeta polaca. Sencillamente por ser como era, porque en Szymborska se adivina una forma exacta de estar en el mundo, también porque tal y como apreció Czeslaw Milosz, "nos ofrece un mundo donde se puede respirar".


ELOGIO DE MI HERMANA

Mi hermana no escribe versos
y dudo que empiece de repente a escribir versos.
Lo sacó de mi madre, que no escribía versos,
y de mi padre, que tampoco escribía versos.
Bajo el techo de mi hermana me siento segura:
el marido de mi hermana por nada en el mundo escribiría versos.
Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.

En los cajones de mi hermana no hay viejos versos,
ni poemas recién escritos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a comer
sé que no es con la intención de leerme sus versos.
Sus sopas son exquisitas sin premeditación
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.

En muchas familias nadie escribe versos.
Pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
lo que crea peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.

Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,
y toda su escritura son postales de sus vacaciones
con textos que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
me contará todo,
todo,
todo.

(De El gran número. Trad.: Gerardo Beltrán)


VIDA AL INSTANTE

Vida al instante.
Función sin ensayo.
Cuerpo sin prueba.
Cabeza sin reflexión.

Ignoro el papel que hago.
Sólo sé que es mío, no intercambiable.

De qué va la obra,
debo adivinarlo sobre el escenario.

Malamente preparada para el honor de la vida, 
soporto a duras penas el compás impuesto de la acción.
Improviso, aunque aborrezco la improvisación.
Tropiezo a cada paso con el desconocimiento de causa.
Mi modo de vivir huele a aldea.
Mis instintos son de aprendiz.
La vergüenza, al excusarme, tanto más me humilla.
Siento las circunstancias atenuantes como crueles.

Palabras y gestos irrevocables,
estrellas no contadas,
el carácter, como un abrigo abrochado, en marcha,
he aquí el penoso fruto de este apremio.

¡Si al menos pudiera un miércoles ensayar primero,
o al menos un jueves repetir una vez más!
Pero ya llega el viernes con un guión desconocido.

¿Acaso está bien? - pregunto
(con voz ronca,
pues ni me han dejado aclararla tras los bastidores).

Es vano pensar que no es más que un examen somero
hecho en un lugar provisorio. No.
Me hallo entre los decorados y veo cuán sólidos son.
Me choca la precisión de cualquier atrezzo.
El equipo giratorio funciona desde hace largo rato.
La nebulosas más lejanas ya han sido encendidas.
Ah, no me cabe duda de que esto es el estreno.
Y lo que haga
se tornará siempre en lo que hice.

(De El gran número. Trad.: Elzbieta Bortkiewicz)


martes, 26 de diciembre de 2017

Mejores lecturas del año 2017

     Como es habitual en el blog la última publicación del año es una pequeña lista comentada de lecturas favoritas. En esta ocasión he seleccionado siete libros, cinco de ellos son lecturas de ficción y otras dos de no ficción, que aparecen a continuación sin que su orden indique una preferencia. Todos ellos son libros fenomenales y diría que aún más que eso.
 


 Aforismos de Georg C. Lichtenberg (Ed. FCE)

"Gracias, Lichtenberg, ¡gracias!" escribía Soren Kierkegaard, un agradecimiento al que me sumo encantado tras la lectura de Aforismos, una espléndida invitación a hacer nuestra existencia más nuestra. Lichtenberg veneraba el buen humor y la liviandad, "las cualidades de su alma que le han proporcionado las más placenteras horas de su vida", y no puedo dejar de asociar sus aforismos con esa liviandad y buen humor, el coger oxígeno y ventilarse "como ventilamos las ropas viejas". El cuidado prólogo y la traducción de esta edición corresponden al escritor mexicano Juán Villoro, pero mi interés por la obra surgió gracias al entusiasmo que siente por ella Enrique Vila-Matas.


Cinco novelas cortas de Antón P. Chéjov (Ed. Alba)
  
Cinco novelas cortas es una muestra, otra más, del increíble talento de Antón Chéjov, uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Seleccionadas y traducidas por Víctor Gallego, quizás la más conocida de estas cinco novelas cortas sea La sala numero seis, una obra maestra que leí hace tiempo  en la traducción de Ricardo San Vicente y que a cada lectura me sigue impresionando. El volumen también incluye Una historia aburrida, Relato de un desconocido, El duelo y Tres años. Los dos primeros son impecables -especialmente Una historia aburrida- mientras que el último me parece el menos logrado, y quizás sea El duelo la narración que más persiste en la memoria. Harold Bloom escribía con razón que Chéjov es "el artista indispensable de la vida no vivida", un escritor muy grande y muy nuestro.


La nieve estaba sucia de Georges Simenon (Ed. Acantilado)

Leí esta novela gracias al escritor John Banville, un gran admirador de los "romans durs" de Georges Simenon, y lo cierto es que esperaba mucho de su lectura pero, sinceramente, no tanto. Novela ambientada en el barrio periférico de una ciudad francesa bajo la ocupación nazi, su narrativa es sencilla, el interés del lector inmediato, creciente y ya perturbador en el último tercio de la novela. Para Simon Leys "si Simenon hubiese escrito diez veces menos, habría disfrutado de una posición literaria cien veces más importante". No sé hasta qué punto Leys tenía razón, aunque suele tenerla, pero seguro que La nieve estaba sucia es una novela admirable.


Carta breve para un largo adiós de Peter Handke (Alianza Editorial)

Llegué a esta novela de Peter Handke gracias, de nuevo, al escritor Enrique Vila-Matas, al que he descubierto tarde como excelente guía de lecturas. Carta breve para un largo adiós participa de algunas características de la novela de viaje -por los Estados Unidos de los primeros años setenta-, y del relato de ruptura de ataduras y  ensanchamiento de la mirada. Mi recuerdo de la novela está muy marcado por la aparición en ella de un personaje real, el cineasta John Ford, escrupulosamente respetado por Handke y de papel muy breve pero esencial para el propósito de Carta breve para un largo adiós. Una novela especialmente liberadora.


Cuatro lecturas sobre Zhuangzi de Jean François Billeter (Siruela)

Breve y espléndido, Cuatro lecturas sobre Zhuangzi es la transcripción de cuatro conferencias pronunciadas en el Collège de France por el prestigioso sinólogo y profesor honorario de la Universidad de Ginebra, Jean François Billeter. En ellas nos acerca sin ánimo exhaustivo pero con rigor, fluidez y espléndida vocación didáctica a unos pocos textos y a la figura de Zhuangzi, uno de los filósofos más importantes de la antigüedad China. Jean François Billeter logra así uno de esos deliciosos ensayos breves, sencillos e iluminadores a los que el lector siempre regresa. Una joya.


Solenoide de Mircea Cartarescu (Ed. Impedimenta)

Entré en el mundo de Mircea Cartarescu con la lectura de Nostalgia, no creo que haya mejor forma de hacerlo, y desde entonces no he dejado de interesarme por la obra de este maravilloso escritor rumano. Así, pocos días después de su publicación en España leía Solenoide, una novela ambiciosa como pocas, extraña como ninguna, también exigente y diría que más apropiada para lectores que conocen bien la obra de Cartarescu. Tiene razón Marius Chivu, autor del posfacio, cuando comenta que uno se queda con la impresión de no haber leído la novela de verdad, tan inabarcable como es, tan diferente,... y tan difícil de soltar mentalmente una vez terminada. Mención a su traductora, Marian Ochoa de Eribe, y a la apuesta editorial por este extraordinario escritor.


El agente secreto de Joseph Conrad (El Aleph Ed.)

Simon Leys, siempre sugerente, en un artículo  titulado Joseph Conrad y «El agente secreto» (en Breviario de saberes inútiles. Ed. Acantilado) comentaba que en ocasión del centenario de la editorial Gallimard se planteó a diversos escritores una pregunta: «La novela del siglo XX». Leys no aclara la respuesta que envió a la editorial pero cuenta que valoró dos opciones y una de ellas era El agente secreto. Me sorprendió su comentario porque es una novela que nunca me había interesado del todo aunque me gusta mucho Conrad, y claro, me entraron las prisas por leerla que nunca había tenido. El agente secreto es un Conrad extraño y en el que tardé en entrar, pero que finalmente es tanto como sugerían los comentarios de Leys. Una obra maestra. Mención a la traducción de Jorge Edwards.


     Ya termina la última entrada del año, imagino que algo agotadora, y que en esta ocasión no tenía la intención de escribir, pero hace unos días la empecé a imaginar y, bueno, ha pesado la costumbre y he decidido realizarla una última vez. En cualquier caso espero que algún libro os haya resultado interesante y que, si llega la ocasión, disfrutéis de su lectura.

     Feliz año 2018.
 

Quint Buchholz

domingo, 29 de octubre de 2017

No entres dócil en esa buena noche - Dylan Thomas



      El poema No entres dócil en esa buena noche, uno de los más conocidos del poeta galés Dylan Thomas (1914-1953), aparece por dos veces en una de las novelas más ambiciosas y extrañas que he leído jamás, Solenoide (Ed. Impedimenta), obra del escritor rumano Mircea Cartarescu. Transcribo el poema en la traducción de Ben Clark, tal y como aparece en la novela, y con la breve introducción al mismo que ofrece el narrador:



     Las hojas terminaban con un poema verdadero, poderoso y sonoro como un grito de desesperación y como un himno de toda la humanidad. Abajo, Virgil había anotado el nombre del poeta: Dylan Thomas.
     Quiero citarlo entero porque es, evidentemente, uno de los pocos que saben de qué habla:


No entres dócil en esa buena noche,
la vejez debería arder y enfurecerse al concluir el día;
enfurecerse, enfurecerse contra la muerte de la luz.

Aunque al llegar su fin los sabios sepan que la oscuridad es justa,
ya que sus palabras no desviaron el relámpago
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombre buenos, por ser los últimos, al lamentar lo mucho
que podrían haber brillado sus obras frágiles
se enfurecen, se enfurencen contra la muerte de la luz.

Los hombres salvajes, que capturaron al sol al vuelo y lo cantaron
y que aprenden, tarde, que entristecieron su camino
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombres graves, moribundos, que ven con ojos cegados
que los ojos ciegos podrían arder como meteoros y ser dichosos,
se enfurecen, se enfurecen contra la muerte de la luz.

Y tú, padre mío, desde tu altura triste,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te lo pido,
No entres dócil en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete contra la muerte de la luz.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Hasta aquí - Wislawa Szymborska




     Hasta aquí, publicado en edición bilingüe por Bartleby, acoge los últimos poemas escritos por Wislawa Szymborska (1923-2012) y se completa con una más que interesante entrevista realizada por el periodista y poeta Javier Rodríguez Marcos a los traductores de este poemario y otros muchos de Szymborska, Gerardo Beltrán y Abel Murcia, que comentan en una de sus respuestas: «Traducir a Szymborska no es difícil, es dificilísimo. Y la gran dificultad radica precisamente en esa aparente sencillez y claridad. Cuando uno la lee en polaco tiene la sensación de entenderlo todo sin ningún problema. Eso a condición de que no haya que traducir nada, porque en ese momento las cosas cambian».
   No puedo evaluar la traducción de Gerardo y Abel, pero en sus versiones los poemas de Szymborska conservan esa apariencia sencilla y clara, y revelan a una poeta llena de humor, dueña de una inteligencia curiosa y despierta. Merece la pena conocerla.




Uno de los poemas de Hasta aquí:


EL ESPEJO

Sí, recuerdo esa pared
de nuestra derruida ciudad.
Se levantaba casi hasta el sexto piso.
En el cuarto tenía un espejo,
un espejo increíble,
porque no estaba roto, fuertemente fijado.

Ya no reflejaba la cara de nadie,
las manos de nadie arreglándose el pelo,
ninguna puerta de enfrente,
nada que pudiera ser llamado
lugar.

Estaba como de vacaciones:
se veía en él un cielo vivo,
una movidas nubes al aire salvaje,
el polvo de los escombros lavado por lluvias brillantes,
pájaros al vuelo, estrellas, amaneceres.

Y así, como todo objeto bien hecho,
funcionaba sin reproche,
con una profesional falta de asombro.


martes, 1 de agosto de 2017

Traveler Photo Contest 2017

     Como viene siendo habitual en verano le he dedicado una entrada al concurso de fotografía Traveler Photo Contest organizado por National Geographic. No es una tema que venga muy a cuento en este blog pero me gusta ver las imágenes participantes y que unas pocas de ellas aparezcan aquí. Como siempre he seleccionado siete fotografías incluida la ganadora del certamen, realizada por Sergio Tapiro Velasco durante una erupción del volcán de Colima en México, pero podéis acceder al resto desde el siguiente enlace:




Vava´u, Tonga.  Fot.:  Marc Henauer
                                          
Volcán de Colima, México.   Fot.:  Sergio Tapiro Velasco


Estambul.  Fot.: Dr Akira Takaue

Selva de Ecuador.  Fot.: Hymakar Valluri

París.  Fot.: Ata Adnan

Los síndicos de los pañeros (1662) de Rembrandt. Rijksmuseum, Ámsterdam.  Fot.: Julius y.

Sail Rock, golfo de Tailandia.  Fot.: Dan Charity


domingo, 7 de mayo de 2017

Fragmentos - Gilles Deleuze y Félix Guattari




     Los siguientes fragmentos pertenecen a Rizoma de Gilles Deleuze y Félix Guattari, un librito muy breve, de apenas cincuenta páginas, que invita a la relectura para disfrutarlo de nuevo. Fue publicado por primera vez en 1976 y al muy poco tiempo en España gracias a la traducción de José Vázquez y Umbelina Larraceleta para la editorial Pre-Textos:



     No hay ninguna diferencia entre aquello de lo que un libro habla y cómo está hecho. Un libro tampoco tiene objeto. En tanto que agenciamiento, sólo está en conexión con otros agenciamientos, en relación con otros cuerpos sin órganos. Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, significado o significante, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior.


 *


     Una meseta no está al principio ni al final, siempre está en el medio. Un rizoma está hecho de mesetas. Gregory Bateson emplea la palabra «meseta» (plateau) para designar algo muy especial: una región continua de intensidades, que vibra sobre sí misma, y que se desarrolla evitando cualquier orientación hacia un punto culminante o hacia un fin exterior. [...]. Un rasgo deplorable del espíritu occidental consiste en relacionar las expresiones y las acciones con fines externos o trascendentes, en lugar de considerarlas en un plan de inmanenecia según su valor intrínseco.



*


     ¡Haced rizoma y no raíz, no plantéis nunca! ¡No sembréis, horadad! ¡No seáis ni uno ni múltiple, sed multiplicidades! ¡Haced la línea, no el punto! La velocidad transforma el punto en línea. ¡Sed rápidos, incluso sin moveros! Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga. ¡No suscitéis un General en vosotros! Nada de ideas justas, justo una idea (Godard). Tened ideas cortas. Haced mapas, y no fotos ni dibujos. Sed la Pantera Rosa, y que vuestros amores sean como los de la avispa y la orquídea, el gato y el babuino. Se dice del viejo hombre-río:

     He don´t plant tatos
     Don´t plant cotton
     Them that plants them is soon forgotten
     But old man river he just keeps rollin along.    

     Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo. El árbol es filiación, pero el rizoma tiene como tejido la conjunción «y... y... y...». En esta conjunción hay fuerza suficiente para sacudir y desenraizar el verbo ser. ¿Adónde vais? ¿De dónde partís? ¿Adónde queréis llegar? Todas estas preguntas son inútiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir de cero, buscar un principio o un fundamento implican una falsa concepción del viaje y del movimiento.



miércoles, 12 de abril de 2017

El hombre sin talento - Yoshiharu Tsuge



     Hasta la lectura de Un hombre sin talento jamás había leído un manga y no soy aficionado a las novelas gráficas, sólo conozco algunas de las más elogiadas por los lectores como las espléndidas Maus o Watchmen, pero algunos comentarios sobre esta obra de Yoshiharu Tsuge me decidieron a su lectura y puedo decir que esta incursión ha merecido mucho la pena.

    A todos los que no estamos habituados a leer mangas lo primero que nos llama la atención del libro es que la ilustración de la portada parece estar en el lado equivocado de la cubierta, y aún sorprende más cuando, una vez abierto, encontramos un epílogo en lugar de un prólogo, aunque no tarda en aparecer una clara advertencia al lector que lo explica: la obra está editada en el formato original japonés de manera que el sentido de la lectura va de derecha a izquierda, y así tenemos que seguir las viñetas y pasar sus páginas en el sentido contrario al habitual. Además de este respeto por el formato original, la editorial Gallo Nero ha tenido buen gusto en su trabajo: el epílogo -firmado por Álvaro Pons y que la editorial sabe que es lo primero que encontrará el lector- funciona muy bien como prólogo, la traducción es obra de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, y el detallado perfil biográfico de Yoshiharu Tsuge es especialmente pertinente en este manga en el que su protagonista es un claro alter ego del autor.
      
     El hombre sin talento es un manga que se lee con enorme facilidad, de poco texto y sútil en sus sugerencias, que nos introduce en la historia muy directamente desde su inicio. Su protagonista, Sukezo Sukegawa, casado y padre de un pequeño, se dedica a vender piedras que escoge entre el lecho del río, un negocio que en occidente puede parecer extraño pero el arte de admirar una piedra (Suiseki) o varias de ellas formando una composición (Bonseki) es tradicional en Japón e incluso rentable en otro tiempo, pero abocado al fracaso en el momento en el que lo emprende Sukezo. Tiempo atrás, comenta Sukezo, "lo he intentado  en el mundo del manga, con las cámaras de segunda mano, las antigüedades, pero he fracasado en todo, sin excepción", un  camino que lleva a su familia a pasar por evidentes privaciones. Así, las premisas de la historia quedan establecidas muy pronto: un negocio que no lo es, unas relaciones crispadas con su mujer que puede llegar a ser muy hiriente con Sukezo, y una actitud de éste que tiene casi tanto de orgullo como de autodesprecio.

     Los temas aparecen en este manga de forma insinuada, sin respuesta aparente por parte del autor que estructura buena parte de la obra a partir de actividades como el mencionado coleccionismo de piedras, la venta de pájaros, de cámaras fotográficas antiguas y los libros de segunda mano. Así, el desarrollo de estas actividades y los personajes que van apareciendo dan a la obra una sensación de melancolía por un Japón que está dejando de existir, pero esa misma melancolía en ocasiones es llevada al ridículo, y podemos encontrar en una misma página lo poético y lo grotesco, la belleza y la crueldad, la exaltación y la caída, un juego del que participa a la perfección el dibujo de Tsuge. Otras sugerencias aparecerán relacionadas a esa sensación de nostalgia, como la pérdida de conexión con lo natural -un vínculo que encontraremos representado por el fascinante maestro de los pájaros-, o también el síndrome de la utilidad que pasa a alcanzar ya a toda actividad y que confunde la relación del artista con su obra. Sin embargo, las páginas más importantes de El hombre sin talento son las relacionadas con una invitación a la toma de conciencia, a preguntarse por qué hacemos lo que hacemos, qué fuerzas invisibles hay detrás de nuestras decisiones, de dónde viene la voluntad de romper vínculos y "esfumarse" (adecuado título del capítulo más fascinante del libro), y el tratar de desentrañar hasta qué punto la realidad pasa a expresarse siempre ya en los términos de una huida, una huida del manga en el caso de Sukezo.

     Es una buena noticia que la misma editorial cuente entre sus publicaciones recientes con otro manga de Yoshiharu Tsuge, La mujer de al lado, a la vista de la calidad de El hombre sin talento, una obra espléndida que sigue acompañando a su lector por tiempo una vez finalizada.

 

martes, 31 de enero de 2017

Saltaré sobre el fuego - Wislawa Szymborska



     Saltaré sobre el fuego recoge una selección de treinta y cuatro poemas de la espléndida poeta polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), todos ellos publicados entre 1957 y 1993. Editado con el cuidado habitual en Nórdica, el libro se presenta en versión bilingüe y cuenta con las ilustraciones de Kike de la Rubia y la esmerada traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán.  En la breve presentación del libro, Juán Marqués describe muy adecuadamente el tono de la poesía de Szymborska: «Lo que más cuenta e importa tiene que ver con una actitud ante la vida y ante la realidad no tanto vigilante como despierta, curiosa, que suele enriquecerse visiblemente cuando además es alegre y positiva, incluso al enfrentarse a las zonas de sombra.»




ENCUENTRO INESPERADO

Somos muy amables el uno con el otro
decimos que es bonito encontrarse después de tantos años.

Nuestros tigres beben leche.
Nuestros azores van a pie.
Nuestros tiburones se ahogan en el agua.
Nuestros lobos bostezan ante una jaula vacía.

Nuestras víboras se han sacudido los relámpagos,
los monos la inspiración, los pavos reales las plumas.
¡Cuánto hace que dejaron nuestro pelo los murciélagos!

Callamos sin terminar la frase,
sonriendo sin remedio.
Nuestras personas
no saben cómo hablarse.

(De Sal, 1962)


AMOR FELIZ

Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir - ¿como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte,
¿por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones, 
sus ingeniosas obligaciones de uno para con otro,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad! 

Resulta incluso difícil prever qué sucedería 
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca jamás podría poblar la tierra, 
no es, que digamos, muy frecuente.
Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

(De Si acaso, 1975)


Ilustración de Kike de la Rubia para Saltaré sobre el fuego
                                                                                                                      

lunes, 26 de diciembre de 2016

Mejores lecturas del año 2016

     Como es tradicional en el blog he reservado la última entrada del año para comentar los libros de los que más he disfrutado en este 2016 que termina, un buen año de lecturas sobre todo gracias a sus últimos meses. Para esta ocasión  he seleccionado siete libros que aparecen a continuación sin un orden especial.



                               
Cuentos de Antón P. Chéjov (Ed. Alba)

Reeditado hace pocos meses, Cuentos nos ofrece una amplia panorámica de los relatos de Antón P. Chéjov traducidos y seleccionados por Víctor Gallego. El libro incluye sesenta cuentos ordenados cronológicamente desde 1883 hasta 1902 y elegidos entre los más breves del escritor ruso (tan sólo cuatro de ellos superan las 25 páginas, entre ellos dos de mis favoritos: El monje negro y Luces). Chéjov es un escritor de increíble talento, apasionante lectura y múltiples registros: capaz de lo hilarante y lo tristísimo, de lo más personal y lo enteramente social, tiene además una escritura bella y clara, y el encanto de los escritores esencialmente bondadosos pero incapaces de engañarse acerca de la naturaleza humana. 


El gigante enterrado de Kazuo Ishiguro (Ed. Anagrama)

El escritor Kazuo Ishiguro repite presencia en la lista de mejores lecturas gracias a su publicación más reciente, El gigante enterrado, una hermosa novela protagonizada por una pareja de ancianos inolvidable -Axl y Beatrice- que combina narrativa de viaje y aventura con un paisaje anglomedieval muy simbólico, fantástico en todos los sentidos. Encontraremos además la preocupación recurrente en la obra de Ishiguro por la memoria y su improbable conciliación con el deseo de olvidar algunas experiencias. Novela diferente, fábula valiosa y perturbadora, fenomenal de nuevo Kazuo Ishiguro.


El fin del «Homo sovieticus» de Svetlana Aleksiévich (Ed. Acantilado)

Inmenso y posiblemente el mejor libro de no ficción que ha aparecido nunca en el blog. Svetlana Aleksiévich escribe en su introducción: "Yo escribo, reúno las briznas, las migas de la historia del socialismo «doméstico», del socialismo «interior»... Estudio el modo en que consiguió habitar en el espíritu de la gente. Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo." 
Esas migas y briznas de las que habla Svetlana Aleksiévich son voces, múltiples testimonios recogidos con su grabadora en el tremendo territorio de la antigua Unión Soviética desde años antes de su caída hasta prácticamente nuestro presente, y que crean un libro polifónico, en ocasiones con testimonios muy duros de leer, pero iluminador sobre cómo fueron, cómo son y cómo somos.


Nostalgia de Mircea Cartarescu (Ed. Impedimenta)

Las buenas críticas que ha venido recibiendo esta obra del escritor rumano Mircea Cartarescu me decidieron a su lectura y sólo puedo estar agradecido. Libro de difícil etiqueta, Nostalgia es ante todo una colección de cinco relatos donde tres de ellos se pueden calificar como cuentos extendidos (El ruletista, El Mendébil y El arquitecto) y los otros dos como novelas cortas (Los gemelos y REM). Entre los primeros El ruletista y El Mendébil son realmente espléndidos, pero la historia que cuenta con mi admiración más rendida es REM, un relato bellísimo e impactante escrito por un autor en estado de gracia. Una obra maestra.


El primer hombre de Albert Camus (Ed. Tusquets)

El primer hombre es el libro en el que trabajaba Albert Camus cuando falleció en un accidente de tráfico en 1960. Publicado por primera vez en 1994, El primer hombre es una novela inequívocamente autobiográfica que, aun inacabada y sin pulir, resulta maravillosa, y en la que Camus nos habla de su infancia y la búsqueda de recuerdos de un padre al que no llegó a conocer. La recreación que consigue Camus de los paisajes de su niñez es viva, solar, rebosante de sensaciones, con Argelia muy presente físicamente al igual que lo está la pobreza y la austeridad, las relaciones familiares y ante todo su madre -bella y silenciosa, analfabeta y parcialmente sorda, incondicionalmente amada por su hijo-. Una infancia y una vida también marcada por un profesor (de nombre real M. Louis Germain, a quien Camus dedicó su discurso del premio Nobel en 1957) y las oportunidades que le ofrecerá la educación. Un libro para leer y releer.
 

Manual de filosofía portátil de Juán Arnau (Ed. Atalanta)

El autor de este libro, Juán Arnau, me era desconocido pero comentarios muy positivos sobre la calidad de Manual de filosofía portátil me animaron a su lectura, y bien que mereció la pena porque  es un ensayo espléndido. En su lectura encontraremos veinte biografías del pensamiento que nos llevarán, en recorrido cronológico inverso, desde Lévi-Strauss (¡qué extraordinario capítulo!) hasta Heráclito, en una narración muy cuidada, entregada a la claridad y que nos recuerda que la filosofía tiene que ser vivida. Tan encantado acabé de su lectura que no tardé en leer otro ensayo del mismo autor, el también excelente La invención de la libertad (Ed. Atalanta) de publicación más reciente.


Todo queda en casa de Alice Munro (Ed. Lumen)

Todo queda en casa es una selección de veinticuatro cuentos escogidos por la escritora Alice Munro entre sus relatos publicados en las dos últimas décadas. Narradora muy precisa, de marcada atención al detalle e impecable en la estructura, los cuentos de Munro son extendidos, suelen abarcar vidas enteras en paisajes rurales canadienses y llevan al lector a revelaciones insospechadas de la mano de la escritora más increíblemente observadora y perspicaz.
Entre sus libros originales -los que sinceramente prefiero recomendar- mis preferidos son Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio y también Demasiada felicidad. Excepcional escritora Alice Munro.


     Una vez comentadas las mejores lecturas del año y, afinando algo más mis preferencias, mi libro preferido del año es Cuentos de Antón P. Chéjov, acompañado por Nostalgia de Mircea Cartarescu y los cuentos de Alice Munro. En cuanto a los libros de no ficción mi favorito del año es  El fin del «homo sovieticus» de Svetlana Aleksiévich.


     Feliz año nuevo a todos.


Quint Buchholz


domingo, 23 de octubre de 2016

Embriaguez - Jean Luc Nancy




     El talento del filósofo francés Jean Luc Nancy se derrama sobre sus libros a cada ocasión, incluso en aquellos textos más breves dedicados a una circunstancia puntual como es el caso de Embriaguez, escrito para un encuentro organizado en los viñedos alsacianos de Ribeauvillé, una localidad próxima a la Universidad de Estrasburgo donde Nancy es profesor emérito de filosofía. El acierto de publicarlo corresponde a la Editorial Universidad de Granada, y tanto el prólogo como la excelente traducción son obra de Cristina Rodríguez Marciel y Javier de la Higuera.

   Jean Luc Nancy inicia Embriaguez con la siguiente reflexión de Baudelaire:

    Es menester estar siempre borracho. Todo se reduce  a eso: es lo único importante. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que os destroza los hombros y os encorva hacia la tierra, es menester que os emborrachéis sin tregua. Sí, y ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo. Pero embriagaos.

     En Embriaguez Nancy no deja de ir de la mano del vino y se detiene con lucidez en el beber, pero la cita de Baudelaire apunta, ya desde el inicio del libro, a una querida apertura de significados desde la que el filósofo presta más atención a la embriaguez entendida como impulso y auge del espíritu que a la embriaguez entendida como borrachería. Para Nancy la sobriedad permanente no es una opción deseable: «el estricto rechazo de la embriaguez no deja de manifestar un rechazo, incluso una ignorancia de la existencia y de la proximidad de un afuera y de una ruptura del dique por donde todo eso puede discurrir», y es la suya una invitación a la embriaguez en sentido abierto: de vino, poesía, virtud, y de todo aquello que nos lleve al goce, a la alegría como la definía Spinoza, «paso de una perfección menor a una más grande». Esta invitación de Nancy que empapa cada página del libro es sencillamente bellísima, y lo es gracias a su extraordinario talento como escritor: balancea el texto entre el discurso sobrio y el ebrio, lo racional y lo pasional, recorremos textos y poesías de otros autores y juega con repeticiones y pequeñas variaciones para crear un sensación envolvente y embriagadora.

     Leyendo la cita de Baudelaire también podemos advertir aquello que tiene de incómodo: la embriaguez como tentación para olvidar, escapar, «para no sentir el horrible fardo del Tiempo». Nancy reflexiona sobre la liberación, ligereza y sublimidad que otorga la embriaguez pero también sobre la dependencia, la pesadez y la declinación, y recordará a Sócrates, «un asombroso bebedor que permanece dueño de sí y que, de esta manera, entra en una más alta ebriedad». Identifica esta ebriedad socrática con el goce, o lo que es lo mismo y esto es crucial, con «la identidad dada en el abandono», y la relaciona con la verdad donada (la del vino y la de los niños) que reconocemos sin vacilar cuando nos desligamos de encubrimientos «causados por la preocupación, el proyecto, la acción, todo lo que confunde la verdad con la ejecución de un proceso». Sin embargo, lo más esencial en Embriaguez es la escritura de Nancy relacionada con lo absoluto, con el afuera y el afuera que existe en nosotros, con lo independiente que depende enteramente de nosotros, de nuestra apertura, y bien podemos embriagarnos con el afuera o bien podemos retirarnos e ir embebidos en nosotros mismos. Lo independiente depende de nosotros pero, más aún, nosotros dependemos de lo independiente. 

     Como bien señala el prólogo de la obra "Embriaguez es un libro irrigado, empapado y chorreante del pensamiento de Jean Luc Nancy", un libro en el que merece la pena detenerse, que bien merece relecturas y que también es uno de los textos breves más inspirados que he tenido la oportunidad de leer del filósofo francés; un libro que Jean Luc Nancy inicia con una cita de Baudelaire y que finaliza con Marcel Proust: 

     Bien sé que se me objetará la vieja muletilla de Augier: "¡Qué importa el frasco, con tal que se emborrache uno!" Puede que Roberto haya conseguido la borrachera, pero la verdad es que no ha dado prueba de buen gusto al escoger el frasco.

En busca del tiempo perdido 3. El mundo de Guermantes


Viñedos en la región de Alsacia.   Fot.: Clara Tuma para The New York Times